La astronomía en el Antiguo Egipto

La astronomía, o la observación del cielo en un sentido más amplio, fue una disciplina que en Egipto nunca estuvo muy separada de la religión. De hecho, los mejores «textos» astronómicos –representaciones del cielo nocturno– se han hallado en templos o tumbas. Asimismo, los astrónomos egipcios, los imy unut u «observadores de las horas», eran en su mayoría sacerdotes, algunos de alto rango, que también ejercían alguna otra profesión.

El calendario egipcio

Los egipcios estudiaron el movimiento de las estrellas y sus constelaciones y se dieron cuenta de que se repetían periódicamente y, gracias a ello, podían predecir el momento en el que acontecería un suceso clave desde el punto de vista económico y cultural: la crecida del Nilo que inundaba y fertilizaba sus tierras. Es por ello que dejaron de utilizar los ciclos lunares como referencia y adoptaron un calendario solar, el primero del que tenemos constancia en la historia, el cual se cree que ya era usado en torno al 2800 a. C. En este calendario el año duraba 365 días que se distribuían en doce meses de treinta días cada uno y cinco días adicionales al final del año, llamados epagómenos, dedicados a festejar el nacimiento de cinco de sus deidades (Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis).

El año egipcio comenzaba con el orto helíaco (reaparición en el horizonte este de una estrella tras su periodo de invisibilidad) de la estrella Sothis (es la estrella que hoy denominamos Sirio), visto desde Menfis (primera capital de Egipto), ya que este anunciaba el desbordamiento del Nilo, y daba paso a tres estaciones: la primera, la inundación, que comenzaba a finales del verano y abarcaba todo el otoño; la segunda, la siembra, que incluía el invierno y el comienzo de la primavera; y la tercera, la recolección, la cual sucedía durante la primavera y se prolongaba durante el verano.

Con el tiempo se dieron cuenta de que el comienzo oficial del año se iba atrasando respecto al año solar: 100 días cada 400 años solares, volviendo a coincidir tras 1460 años solares (o sea, 1461 años civiles). En consecuencia, cada año solar duraba un cuarto de día más que el año civil (así que este debería tener 365,25 días). Este desfase suponía un grave problema a la hora de establecer de manera óptima el calendario agrícola de siembras y recolecciones. Los sacerdotes, conocedores del problema, recurrían a las observaciones astronómicas para fijar oportunamente las fechas de las festividades religiosas y, con ellas, anticipar las inundaciones del Nilo; pero, celosos de su poder, mantuvieron el calendario sin modificaciones durante siglos, acumulándose el error.

No fue hasta el año 237 a. C. cuando, en el Decreto de Canopo, se propone una modificación del calendario, añadiendo un día, tras los cinco epagómenos, cada cuatro años. Se desconoce el motivo por el cual esta reforma no se llevó a la práctica en ese momento. Sin embargo, en el año 46 a. C., Sosígenes de Alejandría sí la tuvo en cuenta en la reforma del calendario romano que, a instancias de Julio César, dio origen al calendario juliano que se impuso en todo el Imperio Romano, también en Egipto (se convirtió en provincia romana tras la muerte de Cleopatra, en el año 30 a. C). El calendario juliano se mantuvo vigente en casi toda Europa, en los asentamientos europeos de América y otros lugares del mundo, hasta que fue sustituido progresivamente por el calendario gregoriano, promulgado por el papa Gregorio XIII en 1582 (año en que entró en vigor en España).

La medida del tiempo

Los egipcios también fueron los primeros en dividir los días en horas, empleando para la medida del tiempo los relojes de sol (los más antiguos conocidos),  relojes de agua (o clepsidras), así como relojes estelares para medir las horas nocturnas (o merjets). El día, entendido como el intervalo de tiempo entre el orto (salida) y el ocaso (puesta) del Sol, se dividía en doce partes iguales y la noche, en otras doce. Lógicamente las horas diurnas eran de duración diferente a las nocturnas y también variaban según la época del año: en invierno los días son más cortos y las noches, más largas que en verano, y viceversa (de ahí que se suela usar el término horas estacionales para referirnos a estas divisiones del día).

En origen, solo la noche se dividía en doce partes iguales, según la posición de doce estrellas, que no eran siempre las mismas. Cambiaban el sistema de estrellas de referencia cada diez días, por lo que a cada uno de ellos se le conoce como decano. Utilizaban un total de 36 decanos, que al ir apareciendo en el cielo cada diez días, abarcaban los 360 días que, además de los epagómenos, constituían el año egipcio. Parece que hacia el año 2100 a. C. la división en doce horas también era usada durante el día (contando diez horas de luz, una durante el amanecer y otra en el atardecer).

Cosmovisión egipcia

Una cosmovisión es el conjunto de opiniones y creencias que conforma la imagen o concepto del mundo que tiene una persona, época o cultura, a partir del cual interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente

Los egipcios interpretaban el amanecer, el atardecer y el anochecer como un viaje de Ra, dios del Sol, a través de Nut, diosa de los cielos. En su ciclo, emerge de las tinieblas cada vez que el Sol sale por el horizonte (como Jeper–Ra), cada mañana se eleva con su barca hasta lo más alto del cielo (como Ra–Horajty) y cuando cae la tarde emerge por las montañas, ya anciano, al inframundo (como Atum–Ra). Durante la noche, Nut nos muestra su vientre estrellado mientras Ra (como Auf–Ra) transita por la duat, luchando contra el caos y los enemigos del Antiguo Egipto, para resucitar a la mañana siguiente.

El viaje de Ra durante el día y la noche

Resulta romántica esta interpretación de la sucesión del día y la noche, al tiempo que está cargada de un evidente simbolismo: la salida y la puesta del Sol representan la vida y la muerte, y el resurgir cíclico del astro se alza como alegoría de la regeneración, la misma que cada año, también de manera cíclica, trae consigo la crecida del río Nilo a las tierras de Egipto. No es de extrañar, por tanto, que el Sol (Ra) y el Nilo (Hapi) fueran tan venerados, pues eran fuente de vida y prosperidad, y su ausencia provoca muerte y escasez. Por eso, la orilla oriental del Nilo (la salida del Sol) es la tierra de los vivos (en ella edificaron casi todas sus ciudades, palacios y templos) y la orilla occidental (el ocaso del Sol), la tierra de los muertos (donde ubicaron necrópolis, tumbas, pirámides y templos funerarios).

El mundo de los vivos y de los muertos en Egipto

La influencia que el Sol ejercía en el antiguo Egipto estaba personificada en la poderosa figura del faraón, quien era considerado la reencarnación del dios Ra en la Tierra. Pero no solo se hacía esta atribución divina al faraón, sino que se creía que el propio Egipto era el reflejo terrenal del mundo celestial, y todo aquello que sucedía en el cielo tenía una correspondencia con los acontecimientos en la Tierra. Egipto era tierra sagrada y, por eso, en su cosmovisión, se situaba en el centro del mundo; estando los demás pueblos y civilizaciones a su alrededor, hasta el límite de los puntos cardinales. Envolviéndolos a todos se encontraba Nut, tanto en su aspecto diurno como en su aspecto nocturno en el que la duat (espacio por el cual peregrina el Sol durante la noche) queda vinculada. Más allá no hay nada más que Nun, el océano primordial, infinito, inerte, silencioso e inimaginablemente oscuro.

Cosmovision egipcia

El experimento de la gota de brea

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Australia. Año 1927. El profesor Thomas Parnell, de la Universidad de Queensland, quería enseñar a sus alumnos que existen sustancias con apariencia de sólidos que en realidad son líquidos extremadamente viscosos. Uno de los materiales que muestran ese comportamiento es la brea y decidió experimentar con ella…

La brea es un material de color negro, compuesto por hidrocarburos aromáticos complejos, que se obtiene como residuo tras la destilación o el tratamiento térmico del alquitrán, el petróleo u otros materiales orgánicos.

La idea que tuvo para el experimento no podía ser más sencilla: un vaso de precipitados, un embudo, una pequeña cantidad de brea en él y tiempo… ¡mucho tiempo! El suficiente para que la brea fluyera y goteara por el embudo. ¿Cuánto crees que hubo que esperar para observar este fenómeno? ¿Días? ¿Semanas? ¿Meses?

En realidad, desde que comienza a formarse una gota de brea hasta que cae pasan ¡años! La brea es tan viscosa y el proceso tan lento que solo para poner en marcha el experimento necesitó tres años. En 1927 calentó la brea, la puso en un embudo con el cuello sellado y lo dejó reposar hasta 1930. Para que estuviera bien asentadita… Fue entonces cuando abrió el cuello del embudo y la brea comenzó a fluir muy, muy, muy lentamente. Tanto, que la primera gota no cayó hasta diciembre de 1938. ¡Tardó más de ocho años! Y desde entonces han caído tan solo ocho gotas más:

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Las caídas de las siete primeras gotas de brea se distanciaron una media de ocho años, pero tras la séptima se decidió controlar las condiciones ambientales del laboratorio, y desde entonces el experimento se mantiene en una habitación sellada con aire acondicionado, evitando las fluctuaciones de temperatura que se producen a lo largo del año (y las variaciones en la viscosidad que esto provoca). Por ese motivo, las siguientes gotas tardaron más tiempo en caer, entre trece y catorce años aproximadamente. A día de hoy, el experimento sigue en marcha y, al ritmo al que cae la brea, se calcula que tiene cantidad suficiente como para aguantar unos 100 años más. Es por ello que el libro Guinness de los récords lo reconoce como el experimento de laboratorio más largo del mundo.

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Experimento tras la caída de la sexta gota

Pero lo más sorprendente de todo es que ¡nadie ha conseguido ver el momento justo de la caída! El profesor Thomas Parnell no lo logró y lo mismo le pasó al profesor John Mainstone, su vigilante desde el año 1961. En el año 2000, ante la inminente caída de la octava gota, se instaló un equipo de grabación para poder capturar el esperado momento, con tan mala suerte que en los minutos previos se produjo un inoportuno corte de luz en la Universidad y la caída no pudo ser observada. El profesor Mainstone siguió custodiando el experimento, incluso una vez jubilado, hasta su fallecimiento en agosto de 2013 –después de 52 años de dedicación–, unos meses antes de que la novena y, por el momento, última gota cayera.

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El profesor John Mainstone en 1990

El profesor Andrew White recogió el testigo de Mainstone y es el actual custodio del experimento. En 2014, la novena gota entró en contacto con la anterior (al fluir tan lentamente, las gotas conservan su forma tras la caída durante años), por lo que se optó por cambiar el vaso de recogida antes de que ambas gotas se fusionaran, pero al destapar la campana la mesa se tambaleó y se provocó el desprendimiento accidental de la gota. Así que habrá que esperar a la décima gota, a ver si por fin se consigue inmortalizar tan escurridizo momento que, según lo previsto, podría ocurrir en 2027 o 2028…

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Se puede seguir este experimento en directo a través de la web www.thetenthwatch.com/

Sin embargo, aunque el experimento de la Universidad de Queensland tiene el honor de ser el primero en comenzar, no es el único de este tipo que se ha desarrollado. En 1944, los científicos del Trinity College de Dublín (Irlanda) iniciaron su propio ensayo, también con el propósito de estudiar el comportamiento viscoso de la brea. Aunque estuvo descuidado durante mucho tiempo, se retomó décadas después y, en el año 2013, con una gota a punto de caer, se instaló una cámara web que permitía hacer un seguimiento constante y que, esta vez sí, logró registrar por primera vez la caída de una gota de brea (el 11 de julio de 2013):

Mediante el estudio del comportamiento de la gota, los profesores Weaire, Hutzler y Whyte, del Trinity College, estimaron que la viscosidad de la brea es 2·107 Pa·s, unos 200 millones de veces mayor que la del aceite de oliva, o unos dos millones de veces la de la miel líquida.

Los científicos irlandeses consiguieron filmar lo que el paciente profesor Mainstone no pudo ver con sus propios ojos durante los 52 años que dedicó a la supervisión del experimento original de Thomas Parnell. Al menos, esto ocurrió un mes antes de su fallecimiento, por lo que, de alguna manera, tuvo el leve consuelo de haberlo visto, aunque no fuese en el lugar que el hubiese querido.

En 2005, Thomas Parnell y John Mainstone fueron galardonados con el premio Ig Nobel de Física, una parodia de los otorgados por la Academia sueca, que celebra logros científicos curiosos que “primero hacen reír, pero luego hacen pensar”.

 

¿Qué es la Ciencia?

Universum

La ciencia es conocimiento:

Ciencia (del latín scientia). Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.

Diccionario de la Lengua Española (RAE, 2014)

La ciencia es comprensión:

En torno de la esencia se encuentra la morada de la ciencia.

Platón (427 a.C.- 347 a.C.)

La ciencia es experimentación:

La cosa más hermosa que podemos experimentar es el misterio. Es la fuente de todo arte y toda ciencia. 

Albert Einstein (1879-1955)

La ciencia es curiosidad:

Equipado con sus cinco sentidos, el hombre explora el Universo que lo rodea y a sus aventuras las llama ciencia. 

Edwin Hubble (1889-1953)

La ciencia es reflexión:

El científico no es aquella persona que da las respuestas correctas, sino aquél quien hace las preguntas correctas. 

Claude Lévi-Strauss (1908-2009)

La ciencia es descubrimiento:

Las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo.

Galileo Galilei (1564-1642)

La ciencia es interpretación:

Las matemáticas no mienten, lo que hay son muchos matemáticos mentirosos. 

Henry David Thoreau (1817-1862)

La ciencia es humana:

La ciencia no sólo es una disciplina de la razón, sino también del romance y de la pasión. 

Stephen Hawking (1942)

La ciencia es cultura:

La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo.

Benjamin Disraeli (1766-1848)

La ciencia es creatividad:

Necesitamos especialmente de la imaginación en las ciencias. No todo es matemáticas y no todo es simple lógica, también se trata de un poco de belleza y poesía. 

Maria Montessori (1870-1952)

La ciencia es evolución:

Lo importante en la ciencia no es tanto obtener nuevos datos, sino descubrir nuevas formas de pensar sobre ellos.

William Lawrence Bragg (1890-1971)

La ciencia es polémica:

La incompatibilidad entre ciencia y religión es simplemente ésta: un científico no creerá nada hasta que lo vea; un hombre religioso no verá nada hasta que no crea en ello.

Charles Lyell (1797-1875)

La ciencia es crítica:

La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del entusiasmo y la superstición. 

Adam Smith (1723-1790)

La ciencia es cooperación:

La ciencia no sabe de países, porque el conocimiento le pertenece a la humanidad y es la antorcha que ilumina el mundo. 

Louis Pasteur (1822-1895)

La ciencia es esfuerzo:

El genio es un uno por ciento de inspiración, y un noventa y nueve por ciento de transpiración.

Thomas Alva Edison (1847-1931)

La ciencia es incesante:

La ciencia nunca resuelve un problema sin crear otros diez más.

George Bernard Shaw (1856-1950)

La ciencia es imperfecta:

La ciencia, muchacho, está hecha de errores, pero de errores útiles de cometer, pues poco a poco, conducen a la verdad.

Julio Verne (1828-1905)

¿Cómo la definirías tú?

¿Dura más el verano o el invierno?

¡Qué pregunta tan interesante! Sobre todo, teniendo en cuenta que la respuesta varía dependiendo de dónde nos encontremos. Todos sabemos que cuando en el hemisferio norte es verano, en el hemisferio sur es invierno, y viceversa, por lo que la respuesta es diametralmente opuesta en cada uno de los casos, aunque igualmente cierta para ambos:

El verano es la estación más larga en el hemisferio norte, por el mismo motivo que el invierno es la estación más larga en el hemisferio sur.

¿A qué se debe, entonces, que no duren lo mismo el verano y el invierno en un mismo hemisferio? La razón se encuentra en la variación en la posición y en la inclinación de la Tierra con respecto al Sol a lo largo del año. En primer lugar, debemos tener en cuenta que la Tierra no realiza un único movimiento, sino que se producen varios movimientos al mismo tiempo.

El movimiento más evidente es el de rotación, responsable de la sucesión de los días y las noches, debido al giro de la Tierra sobre sí misma en torno a un eje imaginario que pasa por sus polos, dando una vuelta completa en un día (denominado día sidéreo, cuya duración es de 23 h 56 min 4 s, ligeramente inferior al día solar de 24 h). El plano perpendicular al eje de rotación terrestre que pasa por su centro de masas se denomina plano ecuatorial o plano del Ecuador.

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También existe un movimiento de traslación alrededor del Sol, que tiene un periodo de 365’24 días (un año sidéreo). De acuerdo con la primera ley de Kepler, la Tierra, como el resto de los planetas, describe una órbita elíptica con el Sol en uno de sus focos:

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La principal consecuencia de este movimiento es que en la trayectoria se pueden definir dos puntos característicos:

  • El afelio, o punto de la órbita más alejado del Sol.
  • El perihelio, o punto de la órbita más próximo al Sol.

La Tierra pasa por el afelio hacia el 4 o 5 de julio, y alcanza el perihelio el 2 o 3 de enero. Como vemos, la mayor o menor lejanía no determina la estación en la que nos encontramos, pues esta es distinta en cada hemisferio. Lo que sí influye es la inclinación de la Tierra en cada tramo de su trayectoria. El movimiento orbital de la Tierra se produce en un plano, conocido como eclíptica, que está desviado un ángulo de 23º 26’14” (conocido como oblicuidad):

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La oblicuidad actual es de 23º26’14” (en 1917 fue exactamente de 23º27′, y disminuye aproximadamente 1” cada dos años)

La existencia de esta oblicuidad hace que el plano ecuatorial y la eclíptica se corten en dos puntos concretos de la órbita que denominamos equinoccios, en los cuales el Sol se encuentra justamente en el mismo plano que el Ecuador terrestre (por lo que los rayos solares inciden perpendicularmente en el Ecuador). Los equinoccios tienen lugar alrededor de los días 21 de marzo y 22 de septiembre, y dan comienzo, en el hemisferio norte, a la primavera y al otoño, respectivamente (en el hemisferio sur, sería a la inversa).Durante los equinoccios, el número de horas de luz coincide con el número de horas de sombra (así que el día y la noche duran lo mismo).

Por otra parte, el plano perpendicular a la línea que une los equinoccios, que pasa por el centro del Sol, corta a la órbita terrestre en otros dos puntos característicos, que denominamos solsticios, y que ocurren en torno al 21 de enero y al 22 de diciembre, respectivamente. El primero da comienzo al verano en el hemisferio norte, ya que el Sol ilumina más directamente esta zona de la Tierra, y alcanza su máxima inclinación respecto al plano del Ecuador. La situación se invierte unos seis meses después, y el verano comienza en el hemisferio sur (y el invierno en el hemisferio norte). En los solsticios, la diferencia entre el número de horas de luz y de oscuridad es máxima (día más largo en el solsticio de verano, o noche más larga en el solsticio de invierno).

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Si en los equinoccios los rayos solares llegan perpendiculares al ecuador, en los solsticios lo hacen a los Trópicos (que están situados a una latitud de 23º26’14”, norte o sur, precisamente por ser ese el ángulo entre el plano ecuatorial y la eclíptica)

La excentricidad de la órbita elíptica, es decir, su desviación con respecto a la trayectoria circular, no es muy grande. En realidad, sólo se desvía un 1’7 %, pero esta pequeña cantidad es suficiente para afectar a la duración de las estaciones, ya que en el punto más alejado (afelio), la fuerza de atracción gravitatoria es menor que en el punto más próximo al Sol (perihelio). Siendo esta fuerza la responsable del movimiento orbital, cuando esta disminuye, la velocidad también lo hace, por lo que:

En el punto de la órbita más alejado del Sol (afelio), la Tierra se mueve a menor velocidad que en el más próximo (perihelio), cuando la velocidad es máxima.

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Según la segunda ley de Kepler, en un mismo intervalo de tiempo, el área barrida durante el movimiento (en color azul) debe ser también la misma, por lo que en los puntos más alejados la velocidad de la Tierra tiene que ser menor que en los puntos más próximos al Sol. (Como en muchas representaciones, las distancias no se corresponden con la realidad, y la forma elíptica está exagerada)

Esta consecuencia, derivada de la segunda ley de Kepler, nos permite deducir que cuando estamos situados más alejados del Sol, nos movemos más lentamente, y la estación en la que nos encontremos se prolonga unos días, mientras que en la situación contraria, es decir, en la zona más próxima al Sol, ocurre lo contrario, y la estación correspondiente se acorta. En definitiva:

  • El verano es la estación más duradera en el hemisferio norte (algo más de 93 días).
  • El invierno es la estación más breve en el hemisferio norte (89 días).
  • En el hemisferio sur, la estación más larga es el invierno y la más corta, el verano. 

II Feria de Ciencia y Tecnología de Castilla y León

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El sábado pasado tuve la ocasión de participar en la II Feria de Ciencia y Tecnología de Castilla y León, organizada por la Unidad de Cultura Científica, que dirige Isabel Soto, en la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Burgos. Este evento se está convirtiendo en un punto de encuentro de referencia en la región para jóvenes, y no tan jóvenes, interesados en la ciencia y su divulgación. Unos 500 estudiantes, desde infantil a bachillerato, participaron en los diferentes talleres ofertados, entre los cuales causaron gran expectación los dedicados a la robótica, los drones, la realidad virtual o la impresión 3D. Los más pequeños también disfrutaron de los talleres de Pequeciencias o Minichefs, del que salían encantados con sus gorros de cocina y su tartera repleta de deliciosas creaciones. Algo más mayores eran los alumnos de Física Fascinante, Química Divertida o Matemáticas Divertidas, o los sugerentes talleres Descubriendo lo invisible, El vacío o Matemáticas y magia, en los que descubrieron los aspectos más lúdicos y entretenidos que a veces se esconden detrás de las explicaciones de clase. Aprender divirtiéndose o divertirse aprendiendo, todo ello para despertar el interés de nuestros jóvenes por la ciencia e incentivar nuevas vocaciones científicas.

Los que ya iban motivados son los grupos que se presentaron al concurso que tuvo lugar por la tarde. Unos cuarenta experimentos y proyectos de investigación o divulgación compitieron, entre nervios y explicaciones al jurado, en diferentes modalidades: Experimentos en Ciencias (para Infantil, Primaria y alumnos con discapacidades), Trabajos de Investigación Científica y Trabajos de Divulgación Científica Interactivos (estos últimos para alumnos de ESO, Bachillerato y Formación Profesional). Es imposible no quedarse asombrado con lo que los chicos y las chicas son capaces de hacer, con la ayuda y el impulso de sus profesores. No puedo opinar demasiado de los experimentos que realizaron los alumnos de infantil o primaria, pues estuve acompañando a los grupos de secundaria y compartí con ellos la emoción y la ilusión por mostrar sus proyectos a todo aquel que se acercase a sus respectivos puestos.

Entre ellos, llamaron especialmente mi atención los tres trabajos de investigación que presentaron los alumnos del IES Vía de la Plata, de Guijuelo (Salamanca), y de hecho se alzaron con el segundo premio en esta modalidad con su proyecto Actividad antibacteriana de los aceites esenciales, cuyo montaje era espectacular:

Del mismo centro eran las chicas que presentaron los interesantes proyectos Estudio del Efecto Antibacteriano de Clorofilas, Carotenos y Xantófilas y Buscadores de oro, quienes me explicaron detallada y rigurosamente sus trabajos. Estas últimas me mostraron cómo, de una manera inesperadamente sencilla, habían conseguido extraer y recuperar las pequeñas cantidades de oro que se encuentran en los móviles que todos desechamos. Además, ¡fueron superamables y simpáticas conmigo!

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El tercer premio quedó en manos de Eva López y Ángela Rodríguez, alumnas del IES Pintor Luis Sáez (Burgos), con el trabajo titulado Cuando los huesos hablan, en el que hacen un análisis antropológico de un hueso fósil para estimar la edad, el sexo, la estatura y el peso del ser humano al que pertenecía. Me alegré especialmente por ellas, y su tutor, Jorge Pampliega, ya que estoy realizando mis prácticas en ese instituto y ya sabéis, el roce hace el cariño…

Pero los vencedores en la categoría de investigación fueron los alumnos del centro La Visitación de Nuestra Señora de Saldaña, con el trabajo Dimensiones, un interesante estudio de la teoría de la gravedad de Einstein, en el que el jurado valoró positivamente la complejidad conceptual de la misma (estructura del espacio-tiempo, gravitones, teoría de cuerdas…) y el tratamiento de un tema de trascendente actualidad (detección hace unos pocos meses de las ondas gravitacionales predichas por la teoría de la relatividad general).

En cuanto a los trabajos de divulgación científica, destacaron los alumnos del Colegio Jesús María (Burgos), que consiguieron el primer y el tercer premio, con los trabajos Space y Queiruguers: divulgando la ciencia, respectivamente. El primero, realizado por un grupo de 4º de ESO, consiste en un blog (2016 Space: conquistando el espacio) que recopila varios trabajos relacionados con el espacio, la exploración espacial y la astrobiología y que, además, cuenta con una sección de microentrevistas a expertos y reconocidos investigadores (como Carlos Briones, Emiliano Bruner o Emmet Fletcher) y un rincón dedicado a relatos de ficción científica, escritos por sus propios compañeros. ¡Os animo a visitarlo!

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Miembros del grupo de Space, junto a su tutor (Miguel Ángel Queiruga, en el centro) y una joven visitante… [Fuente: Imagen tomada de la página web del Colegio Jesús María]

En tercera posición quedó el grupo que se presentó con el peculiar nombre de Queiruguers, un divertido homenaje a su profesor, Miguel Ángel Quiruga, quien no sólo tutorizaba este trabajo, y el anterior, sino que llevó a… ¡otros cuatro grupos más que se presentaron al concurso! No me extraña que con tantos alumnos surgiera confusión en la entrega de premios, y dudaran a quién le correspondía salir a recogerlo… En este caso mostraron una serie de experiencias divulgativas realmente curiosas y que también han recogido en un canal de YouTube, por lo que es mejor que las veas tú mismo a que yo te las cuente, pinchando aquí. Además, invitaban a sugus a todo el que se acercase, lo cual siempre es de agradecer.

¡Pero no todo se lo iban a llevar los alumnos de este colegio! El segundo premio lo recogió el grupo de alumnos del IES Conde Sancho García (Espinosa de los Monteros, Burgos), que presentó el trabajo La adulteración del aceite de oliva virgen y virgen extra. Aprovecho la ocasión para saludar a todos los Espiciencias, que vinieron en masa desde Espinosa de los Monteros a participar en la feria. ¡Da gusto ver a profesores tan comprometidos y a alumnos tan entusiastas!

Y aunque no consiguieron premio, sí quiero dedicar un pequeño espacio a los proyectos que tres compañeros míos, y futuros profesores, llevaron a concurso con sus “alumnos”:

  • Mitos y Leyendas de la Coca-Cola, coordinado por David Herrero, donde sus alumnos del IES Diego de Siloé (Burgos) nos enseñaron los efectos de este refresco sobre un clavo oxidado, cómo reacciona con los caramelos mentos, la cantidad de azúcar cristalizado que posee una lata, la diferencia de densidades entre la cola normal, la light y la zero y, lo que me dejó más sorprendido, nos demostraron que ¡la coca-cola contiene alcohol! (muy poquito, sí, pero ahí está)
  • Experimentando con agua, un proyecto de un grupo de alumnas del Colegio Jesús María (Burgos), coordinado por Alicia Cuesta, en el que realizaron varios experimentos usando botellas, clips, vasos y monedas, que puedes ver en el siguiente blog.
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El equipo al completo de Experimentando con agua: Celia, Layolen, Emma, Magadalena y, con camiseta roja, Alicia Cuesta, coordinadora del grupo.

  • Indagando con luz, también llevado a cabo por alumnos del Colegio Jesús María (Burgos), coordinado en este caso por Isabel Abajo, donde pudimos ver los espectros de la luz o cómo se mueve un haz a través de un cable de fibra óptica.

La verdad que fueron muchos los proyectos interesantes, ganadores o no es lo de menos, pero sobre todo me quedo con el buen rollo y las ganas de hacer cosas nuevas y diferentes de todos los participantes. No todo el mundo está dispuesto a dedicar el sábado a una feria científica, y ahí estaban ellos, defendiendo el trabajo que tanto esfuerzo y dedicación había costado. ¡Olé!